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“Palabras sin significado,
sin rumbo alguno,
sin parada en alguna estación.
Frases, sin su comienzo.
Ese, es el sentimiento de un vacío aun más profundo
que me bordea el alma.
Un: no saber qué decir.
Porque no hay un fin en el que sean recibidas.
En que sean entendidas.
Ni menos creídas.
No puedo despegar mis labios para defender mi verdad.
La veracidad que se refleja en mis ojos,
en mi rostro.
La sinceridad que siente mi corazón.
Porque está muy dentro de mí.
Más allá de las palabras.
Ellas no sabrían defenderme.
Porque es algo en que se debe confiar.
No razonar ni escuchar.
Esa es mi autenticidad.
La confidencia va más allá de inútiles vocablos,
frases o dichos.
La realidad se siente de corazón.
Las palabras no pueden defender,
completar o explicar, lo que el corazón tiene que decir.
Debes creer.
Si no lo haces, no hay nada que forjar.
Nada que intentar.
Nada que escudar.
Porque no importa en qué orden estén,
Ni que tan maravillosas se oigan.
Si el que debe escucharlas no las comprende,
No las cree, no las siente.
Todo intento es inútil.
¿De qué sirve la comunicación,
Cuando cada dicción que provenga de ti,
No será tomada con seriedad?
Prefiero no desgastarme en usar mis palabras,
Para alguien que no cree en mí.
Opto por no intentar parafrasear un orden.
Una verdad.
Porque lo único que necesito, es que me miren a los ojos.
Y reconozcan en mí, la honestidad y la sinceridad.
Que sepan darse cuenta, que no poseo diversos caminos,
Ni una condición compleja.
Soy simplemente alguien: especial.”





