Siento como la energía es absorbida,
extraída de mi cuerpo y mi alma
Las cosas comienzan a carecer de interés
y mi propia vida solo se mantiene sin razón
No llega a la desesperación si quiera,
esta muerto sin vida.
La desesperanza yace sobre mi espalda
y no queda nada más que hacer.
Solo caminar, arrastrar los pies para esperar.
Esperar a ser consumida.
Puede que haya sido bajo mi propia decisión
el estar aquí, así.
Puede que haya sido la mejor decisión,
pero entonces por qué no se siente bien?
Por qué me deja abandonada al azar?
Sin realmente nada que desear.
Nada que esperar.
Nada que querer.
Nada que necesitar.
Nada.
Porque lo mismo no se puede volver a obtener.
Y no hay nada que quiera más,
que volver atrás y callarme.
No pronunciar esas palabras que no eran verdad.
Que me dejaron aquí varada sobre mi propia voluntad.
Una voluntad que se va a terminar por torturar,
embarcándose sobre el único destino que la va a destrozar,
porque el infortunio se cernió sobre unas olas que,
nada le otorgaran.
Dejaran que vague perdida en la oscuridad.
Porque quién se ha rebelado, lo destruido obtendrá.
Porque no puedes jugar a ser querida,
si no eres capaz de querer a quien te quiere.
No puedes jugar a poseer la ultima palabra,
cuando la ultima palabra te va a condenar.
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martes, 15 de octubre de 2013
Arrojada al azar.
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oscuridad,
tortura
Fuego.
El que con fuego juega,
tarde o temprano se quema...
Pero, ¿qué otra opción me queda?
Huir, darle la espalda
o quedarme y disfrutar.
Porque ésta, la ultima estocada será.
Sé que me espera tanto dulce como amarga,
pero me plago bajo suplicas
porque quiero volver a respirar,
y así conseguir vivir sin necesidad,
y no poseer aquel viejo vacío espiritual.
Y aunque sé que cura, también daña.
¡Es toda una infamia!
Pero aquí estoy, ávida de su complicidad.
De cada pared que toca,
de cada pensamiento que derrumba
para transformarme a su semejanza.
Estoy corriendo el riesgo de convertirme en cenizas,
en donde sin retorno los pasajes van,
porque nada a lo que aferrarme existirá.
Pero seguiré jugando aunque pierda,
estas son las migajas que mi piel anhela,
que me corroen bajo la memoria,
que a mi cabeza estimula y estremece sin piedad alguna.
Necesidad.
El fuego deja estelas de crueldad,
pero no posee noción alguna de su afán
que me amansa, me aterra
y sucumbo ante su majestad.
Me dejo torturar,
para que a mi cabeza termine por decapitar,
y a mis sentimientos, asfixiar.
Esta vez escojo dejarme abrasar,
como a una pequeña sin tenacidad.
Aplastada y arrollada bajo su refrán
que me destroza al pasar,
y que sin conciencia me va a legar.
A merced de sus palabras, y su sexualidad
de la sonrisa misericordiosa que me va asesinar,
de la ternura que me hace temblar,
del néctar dulce, tortuoso de su mirar,
de su labia que juzgan sin piedad,
a mí me van a esclavizar, atándome a su voluntad.
De su fuerza sobre mi alma, mi mente y entidad.
Me dejaré incendiar.
Perderme, para obtener un poco de felicidad.
tarde o temprano se quema...
Pero, ¿qué otra opción me queda?
Huir, darle la espalda
o quedarme y disfrutar.
Porque ésta, la ultima estocada será.
Sé que me espera tanto dulce como amarga,
pero me plago bajo suplicas
porque quiero volver a respirar,
y así conseguir vivir sin necesidad,
y no poseer aquel viejo vacío espiritual.
Y aunque sé que cura, también daña.
¡Es toda una infamia!
Pero aquí estoy, ávida de su complicidad.
De cada pared que toca,
de cada pensamiento que derrumba
para transformarme a su semejanza.
Estoy corriendo el riesgo de convertirme en cenizas,
en donde sin retorno los pasajes van,
porque nada a lo que aferrarme existirá.
Pero seguiré jugando aunque pierda,
estas son las migajas que mi piel anhela,
que me corroen bajo la memoria,
que a mi cabeza estimula y estremece sin piedad alguna.
Necesidad.
El fuego deja estelas de crueldad,
pero no posee noción alguna de su afán
que me amansa, me aterra
y sucumbo ante su majestad.
Me dejo torturar,
para que a mi cabeza termine por decapitar,
y a mis sentimientos, asfixiar.
Esta vez escojo dejarme abrasar,
como a una pequeña sin tenacidad.
Aplastada y arrollada bajo su refrán
que me destroza al pasar,
y que sin conciencia me va a legar.
A merced de sus palabras, y su sexualidad
de la sonrisa misericordiosa que me va asesinar,
de la ternura que me hace temblar,
del néctar dulce, tortuoso de su mirar,
de su labia que juzgan sin piedad,
a mí me van a esclavizar, atándome a su voluntad.
De su fuerza sobre mi alma, mi mente y entidad.
Me dejaré incendiar.
Perderme, para obtener un poco de felicidad.
martes, 20 de noviembre de 2012
Juguemos a quién pierde primero
Juguemos a no hablarnos,
y a la indiferencia arrojarnos.
Que el orgullo nos arrastre por el suelo
Y que mi lengua se muerda y sangre antes de pronunciarlo.
Que logre ocuparme un tiempo eterno,
y que tu imagen no corte mi respiro.
Que mis pensamientos no dobleguen el acero,
Que me cubra entre muros
y me rodee un vacío,
todo menos dar un paso y decirlo.
Que la agonía me carcoma por dentro,
que se palidezca el mundo,
pero llamarte no.
¡Y a ver así quién pierde primero!
Me coseré los labios,
taparé mis oídos.
amarraré mis manos,
nublaré mis sentidos...
Que me enferme de idiotez,
pero el teléfono no usaré.
y a la indiferencia arrojarnos.
Que el orgullo nos arrastre por el suelo
Y que mi lengua se muerda y sangre antes de pronunciarlo.
Que logre ocuparme un tiempo eterno,
y que tu imagen no corte mi respiro.
Que mis pensamientos no dobleguen el acero,
Que me cubra entre muros
y me rodee un vacío,
todo menos dar un paso y decirlo.
Que la agonía me carcoma por dentro,
que se palidezca el mundo,
pero llamarte no.
Juguemos a quién extraña menos,
a quién tiene la razón primero,
terminemos exponiendo todos los secretos oscuros
para que arda mi alma en ellos,
y crepité en tu juicio.
Inventemos un circulo vicioso sin retorno alguno,
ignoremos la imagen en el espejo
y los años de sazón.
¡Y a ver así quién pierde primero!
Me coseré los labios,
taparé mis oídos.
amarraré mis manos,
nublaré mis sentidos...
Que me enferme de idiotez,
pero el teléfono no usaré.
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