"Haz un instante inolvidable digno de ser insoportable."

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martes, 15 de octubre de 2013

Fuego.

El que con fuego juega,
tarde o temprano se quema... 

Pero, ¿qué otra opción me queda?
Huir, darle la espalda
o quedarme y disfrutar.

Porque ésta, la ultima estocada será.

Sé que me espera tanto dulce como amarga,
pero me plago bajo suplicas
porque quiero volver a respirar,
y así conseguir vivir sin necesidad,
y no poseer aquel viejo vacío espiritual.

Y aunque sé que cura, también daña.
¡Es toda una infamia!

Pero aquí estoy, ávida de su complicidad.
De cada pared que toca,
de cada pensamiento que derrumba
para transformarme a su semejanza.

Estoy corriendo el riesgo de convertirme en cenizas,
en donde sin retorno los pasajes van,
porque nada a lo que aferrarme existirá.

Pero seguiré jugando aunque pierda,
estas son las migajas que mi piel anhela,
que me corroen bajo la memoria,
que a mi cabeza estimula y estremece sin piedad alguna.

Necesidad.

El fuego deja estelas de crueldad,
pero no posee noción alguna de su afán
que me amansa, me aterra
y sucumbo ante su majestad.
Me dejo torturar,
para que a mi cabeza termine por decapitar,
y a mis sentimientos, asfixiar.

Esta vez escojo dejarme abrasar,
como a una pequeña sin tenacidad.
Aplastada y arrollada bajo su refrán
que me destroza al pasar,
y que sin conciencia me va a legar.

A merced de sus palabras, y su sexualidad
de la sonrisa misericordiosa que me va asesinar,
de la ternura que me hace temblar,
del néctar dulce, tortuoso de su mirar,
de su labia que juzgan sin piedad,
a mí me van a esclavizar, atándome a su voluntad.

De su fuerza sobre mi alma, mi mente y entidad.
Me dejaré incendiar.
Perderme, para obtener un poco de felicidad.



viernes, 2 de diciembre de 2011

Tu máscara.


Reconozco esa sonrisa
que no te llega a la mirada,
y que opaca tu alma
creando mentiras cada día.

Oh, estás haciendo de ti una máscara marchita. 

Sé que estas deseando que nadie vea
lo grande que es tu pena, 
que empaña tu risa más forzada.
Pero a mi no me engañas,
tus fuerzas por no dañar 
a quien ya posee suficientes angustias,
te está alejando de la vida.

E imagino que no deseas ayuda alguna
porque tu orgullo te enfría,
pero yo te susurro desde la distancia
que ruego en cada noche a las estrellas
que me arrebate mi tranquilidad,
que pierda mi felicidad
para hacerla tuya.
Que tome tu vida y le de intensas sonrisas, 
que aleje de ti, tu propia tortura.

Sé que no quieres compartir tus palabras
colmadas de asperezas,
pero crecerás el día en que las compartas 
con la misma persona a quien se la ocultas.
Aprenderás que juntos en la miseria, 
es volver a levantarse en compañía,
aún con más fuerza.