¿De qué quiero huir? ¿De ti? ¿De mi? ¿De lo que no quiero que pase o de lo que sí? ¿De lo que puede suceder o de lo que no? ¿De lo que no está ocurriendo o de lo que sí?
¿Es realmente eso lo que creo que pretendo o lo que no?
No sé que pasos dar o los que no, estando así.
¿Me quedo quieta esperando lo que quieras hacer, o doy cuando lo sienta? No sé qué persigo.
Elena:Una parte de mí desea que pueda olvidar también. Olvidar el haberte conocido, haber descubierto qué eres, y todo lo que ha pasado desde entonces. Stefan:Si eso es lo que quieres... Elena:Si, lo es. Porque no quiero ser así. No quiero sentirme así. Pero no puedo evitarlo. A pesar de todo lo que ha pasado... No quiero perder la manera en la que me siento estando contigo.
Sentiré mi piel arder Con cada roce de tu ser. Me harás estremecer, Por lo suave y electrizante que escuando logras encoger cada nervio de mí pertenecer.Suspira lentamente sobre cada fibra de mi tez,Deja estelas de placer En cada camino que recorres sobre él. Entrelacemos nuestros pies, Para sentir la magia de encajar entre ellos también.Pertenezcámonos solo por esta vez; Imaginemos lo eterno que podría acontecer,En un futuro trance, tal vez.
Con movimientos lentos y torturantesDescúbreme enloquecer de amor por ti otra vez.Detente y mírame sin pronunciar qué ves.Solo para que advierta en tu mirada lo que sientes Por vivir nuestro amor, una nueva vez.Percibiré a través de tus ojos cómo la leña crepita por el fuego en él. ¡Oh! Leeré un Te Amo en cada gesto que me des. Y a ojos cerrados, aun lo apreciaré. Tu cuerpo me habla sin saber.
Me besaras interponiendo chocolate sobre la hiel Que se fundirá con una caricia de mis labios en un excitante proceder. La mezcla perfecta para volver.
Y al ser uno, danzare. Mi alma en tu cuerpo acoplare, Para que no me olvides Y me guardes bajo la piel. Con el recuerdo de que varias noches En tu cama pase, Recostada a tu lado suspire Tantos Te Amo, como tus brazos gaste. Dormidos, soñamos a la vez, En eternizar la noche bajo el edén.
Y en cada aliento anhele perder contigo otra vez. Beber incansablemente de esta adicción a tu piel, Que quema en cada recóndito lugar de mí ser. Entonces, sonreiré. Para que veas lo feliz que volví a ser, Y preguntaras como intuyo: “¿por qué te ríes?” “Soy feliz, ¿no lo ves?” Y nos miraremos con aquella conexión que nacimos para tener.
Las palabras fluyeron de mis labios, como un torrente de agua. Mi mano sostuvo el lápiz que se deslizo por mi cuaderno, con la rapidez con que las hojas son llevadas por el viento. Mi pecho se contrajo, para soltar leves suspiros. Y en mi mente, los pensamientos rondaban acompañados de frases y sentimientos que componían mi momento. Mi corazón latía intensamente, anunciando con salirse de mí pecho. Y la respiración entre cortada, que apenada, se escuchaba con fuerza en el recóndito lugar de mi aposento. En donde me hallaba tumbada sobre la cama, Acompañada por la melancolía de la noche, y el brillo de la luna llena tras mi ventana, que iluminaba el preciso lugar en el que me encontraba. Mi rostro se bañaba con el baile entre ella y las nubes, opacándose, una con la otra, en un juego sin desenlaces.
Inspirada en mis impulsos, logre escribir con la dureza de la mina del lápiz, un angustioso centenar de palabras. Una hoja inundada de confusiones, miedos e inseguridades; se mojó. Era una lluvia intensa e incontrolada, que fue derramada por mis ojos profundos. Acompañado de tiritones y músculos contraídos, que demostraban el estado de mi cuerpo deshecho, y débil, Y todo, debido al huracán que arraso con mi alma, que ahora bien lejos se hallaba. Un alma que perdida buscaba su otra medianía, Su razón de coexistir en esta vida. Una mente sin su alma, que era derivada de un puzzle, Amenazaba con desordenarse. Momentos y recuerdos se verían expuestos a disolverse.
Mientras que el oír atento del viento, Su canto apresurado y violento, Advirtió al silencio su presencia en este encuentro, A lo que el silencio respondió con su inquieto manifiesto cada cierto tiempo. La picazón de mi cuerpo hizo reaccionar a mis extremidades, Que intentaron extirpar el incomodo tormento. Dos caídas provenidas de la interrupción del abrir de la puerta, Apostaron con llevarme al suelo, Y perder así, el hilo de mis pensamientos. Finalmente, la batalla de la improvisación, La gano el pestañeo lento proveniente de mis ojos, Que se volvían a cerrar y abrir cada cierto tiempo, Para luego terminar en una oscuridad, que en su interludio, dibujaría una imagen, provenida de mis mayores deseos. En el que el sueño, culminaba siendo una adicción a mi propia ilusión.
Terminando así, con un cuaderno tirado cerca de la cama, y un lápiz sobre la mesa; puestos a la deriva, Representando así: El rendir del momento.
Apenas colgué el teléfono entusiasmada, no pude reprimir un grito mudoy una inspiración fortuita que colmó mis pulmones, para terminar vaciándolo con satisfacción.
En una ida distraída de mis ojos, mi mente quedo absorta en otro lugar,mi mirada se suspendió en un punto del paisaje,que se podía contemplar desde donde me encontraba.Mi imaginación se dio la libertad de conjeturar preguntas, que no lograba retener del todo.Pero tenía la absoluta noción de que mi atormentadora mente las estabas provocando,Aunque apenas se daba el tiempo de poder responderlas.Y escasamente podría ponerles atención. La felicidad de alguien más, de quien quería con toda mi alma, estaba más presente que cualquier otro elemento. Su dicha me completo interiormente, sobresaliendo en una risa de satisfacción. Para terminar recostándome a saltos sobre mi cama. Cerrando los ojos, la exaltación se metamorfoseo en un fresco, y húmedo prado, donde divisaba cada estrella fugaz que caía del cielo,bosquejaba arco iris por todos lados.
Éste gozo explotó, lográndome oír desquiciada.Podía sentirme como en el paraíso.Sin importar que no fuera mi alegría, porque no me sentía así en meses.Comprendí que soy un simple títere manipulado al antojo del sentimiento.De los míos y de los que me rodean.
Miraba distraída mis pasos lentos, que sin rumbo alguno iban sobre la arena fina que se confundía junto a mis pies.
Al erguir mi cabeza hacia el horizonte, el viento rozo mi rostro con una exquisita liviandad; agudicé mis sentidos, y cerré mis ojos solo unos segundos para escuchar mi respiración, y deleitarme así con la sensación.
Me sentía tranquila en la soledad que hallé junto al mar. El aire que se respiraba parecía estar de alguna forma bendecido, provocando que lo inhalara aún con más intensidad, colmando a mi alma de aquel exquisito momento de serenidad.
Al abrir mis ojos, miré hacia el mar, que me pareció tan ajeno, pero a la vez tan similar a mis sentimientos, que podía sentir nuestra separación y unión en un mismo parámetro.
-Mi mar –, pensé, para inmediatamente sonreír ante la idea tan lejana que aún no lograba dejar fuera de mi prioridad de pensamientos.
Suspiré por el centenar de imágenes que en menos de un segundo se aparecieron en mi mente, para volver a hacerme rememorar. Me sonreí al darme cuenta que incluso, hasta habíamos caminado por este mismo lugar, y en ese entonces, él estaba a mi lado.
Pero, ya no. No más.
No me sentía triste, solo un tanto nostálgica.
No soy orgullosa para mentirle a nadie ni nada, no me avergüenzo de lo que siento, me gusta ser honesta conmigo misma y con el resto. Y no negaré; a pesar del arduo camino que vino luego de que él se fue; que fui feliz. Y hoy sigo siéndolo, porque he aprendido más estando sola. He crecido y mejorado, no guardo rencor ni arrepentimientos. Al contrario, siento una profunda felicidad hacia ese recuerdo, a pesar de que en un principio alteraba mi estado de ánimo a un extremo casi desgarrador y violento; hoy, me llenan de una gratitud maravillosa, una que siempre desee, incluso antes de estar con él.
Es una gratitud hacia la vida, y las personas que me han rodeado desde el comienzo de ella, e incluso hasta los momentos más difíciles. A pesar de que en un minuto me hicieron sentir perdida, hoy sé que todo tiene un rumbo.
Esta gratitud es tan desmesurada, que provoco en mí los cambios y la fuerza necesaria para mejorar y realizar cada día lo inalcanzable.
Por eso no estoy triste, ya no. No tengo un por qué estarlo.
- Todo esta en su sitio por fin -, pensé feliz.
Pero, ¿por qué, a pesar de todo, me sentía inquieta? Si ya me concebía conciliada, ¿qué faltaba?
El soplo del viento se hizo más fuerte haciéndome estremecer. Una electricidad recorrió mi cuerpo súbitamente, era una carga magnética que reconocía como si fuera mi propio latido. Podía presentir algo acercarse, por lo que me detuve de inmediato, asustada. No sabía si debía o no reaccionar, ¿estaba pasando o era mi imaginación?
Me quede fija mirando el suelo, sin saber cual decisión tomar.
Estaba estática y mis pies no reaccionaban. Decidí tranquilizarme e ignorar el presentimiento de mi cuerpo, para erguir así mi cabeza con determinación. Y encontrarme con lo que ya me habían advertido: Él venia caminando hacia a mi, sus pasos eran más apresurados que los míos; pero él también venia dejando atrás los recuerdos. Para volver a comenzar, y mejor.
Él se dio cuenta de mi presencia, pero no se detuvo como yo tantas veces lo hice a lo largo del camino, él en cambio, siguió su camino tranquilo.
Lo imite en su reacción, y seguí caminando. Al toparnos por fin, él me miro con el mismo sentimiento que se reflejaba en mi mirada: Gratitud.
Me sonrío, y siguió caminando, dejándome atrás.
Por unos instantes, no supe qué pensar, estaba sorprendida de su reacción, porque era algo que definitivamente jamás imagine, pero que siempre lo desee así. Alucinada, me volteé para verlo de espaldas a mi sin titubear en cada paso que daba, solo seguía.
Soy una montaña rusa en lo que respecta mis estados de animos, creo
firmemente que crecer es un acto cruel y que no deberiamos crecer ni pensar
como adulto...