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Congelé mi corazón.
En mi mirada no hay ansias de encontrarme mirando a otro.
No todavía.
Mi corazón esta abatido como para animarse a sentir otra vez.
Se selló.
Ahora solo almacena recuerdos,
que desesperado no dejara escapar.
Asustado no los borrará.
El tiempo se ha vuelto su enemigo.
Cada nuevo día es un nuevo ataque.
Otra amenaza.
Que se cuela a la fuerza,
para imprecisar su rostro,
para disipar su aroma,
para obstruir su voz.
Mi corazón se remueve inquieto ante el enemigo,
se siente adolorido.
Porque esta consciente del esfuerzo
que es librar la batalla con el tiempo.
Un: tener que rebuscar su imagen, sus palabras.
Para que el movimiento de las manillas del reloj,
no terminen por desaparecerlas.
Por confundirlas.
Necesita mantenerlo intacto.
Para poder seguir caminando y sentirse lúcido.
Porque aún no se ha marchado.
Permanece como en un comienzo.
Cuando creo aquel espacio, marcándolo como suyo.
Está asustado y temeroso de lo que vendrá.
Lo que sucederá cuando deje de quererlo.
O si desea verlo, y ya no logre evocarlo.
No pueda cerrar los ojos y distinguirlo como si estuviera a tan solo unos pasos.
Que su aroma ya no consiga reconocer.
Y su sabor se haya vuelto insípido.
Que la línea de su brazos y manos, dejen de ser tan nítidos, como en el ayer.
Y los trazos del contacto de su piel con la mía, deje de arder entre los recuerdos.
Que su sonrisa ya no provoque un gesto en mis labios.
Solo por la simple admiración de su pureza.
Mi corazón, no quiere que todo se convierta en sombras de lo que fue.
Que pase a ser un extraño que tan solo paso por mi vida.
Que pase a ser un extraño que tan solo paso por mi vida.
Porque sabe muy bien que siempre fue, es y será mucho más.





