
Me recuesto sobre mis brazos,sentada ausente de esta vida.
Mi motor desapareció sobre mis hombros,porque lo embarga el dolor de una espadaque atravesó mi respiro.
A medias vuelve, entrecortado y punzante.Se siente húmedo a lo lejos.
Pero aún así, ausente.
Hubo una puñalada tiempo atrás...
Que el transcurso de los segundos logró borrar.
Ahora, se abre sin medida, sin límites.
Cómo si no hubiera un final determinado para la abertura.
Desaparezco sin poder detenerlo.
Agotada mi fuerza, muerto mi motor.
Ausente.
Las memorias, lejos están. Pertenecientes a la nada.
En medio de un camino dejado, desolado.
Acostumbrado a ser frecuentado por dos,
ya desierto está.Nadie va. Porque nada queda.
Se cierran las cortinas.
Oscuridad: eso es lo que buscan.
La nada.
El no pensar no se logra.
Todo da vueltas, porque control no hay;
el motor dormido está.
Sueña con recuerdos del ayer,
que imaginados fueron,
y realizados se volvieron.
Y entonces, el motor se detiene:
Su final llegó.