"Haz un instante inolvidable digno de ser insoportable."

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jueves, 7 de mayo de 2015

Mi sueño.

Tengo un sueño.
Siempre suele ser el mismo.
Y estas siempre en él.
Aveces creo que no logro reconocerte.
Y entonces, esta esa expresión que no puedo olvidar.
Y me doy cuenta que mi corazón te quiere desesperadamente.
Que desea ser abrazado por tu calor, tus brazos y tu amor.

Tengo un sueño.
Siempre es el mismo.
Me encuentro en ellos esperándote, esperando oír lo que tanto anhelo.
Una palabra, eso es todo lo que necesito.
Y volvería sin remedio, sin razón.
Así de fuerte. 
Que por más que luche, por más que corra y encierre a mi corazón,
Éste se desatara sin compasión. 
Y lo seguiré, sin control.

Tengo un sueño.
Se repite una y otra vez.
Me ancla a no querer seguir viviendo, para poder seguir soñando.
Me obliga a quedarme entre sabanas para poder estar junto a ti.
Rasga a mi corazón desde lo mas profundo,
Me asfixia por la distancia y que no hay como llenarlo.
Tanto dolor aun no es capaz de convencerme para dejarte ir.
Tantas lagrimas por tantos años, no ahogan el deseo de quererte.
Es cruel, seguir así. 
Viviendo de sueños.

Uno eterno.
En el que vuelvo a intentarlo, si me dejas. Si me buscas.
Si me encuentras. Si te veo otra vez como la primera vez.
Donde sueño, sueño repararnos. 
Donde es posible partir de cero.
Donde nos encuentro puros una vez mas. 
Ese es mi sueño. 

viernes, 20 de febrero de 2015

Apreciemos más.

"¿Qué son los hombres comparados con las rocas y las montañas?"
- Orgullo y Prejuicio -

Porque ¿qué somos?,
quiénes creemos ser ante tanta magnificencia que es la naturaleza misma. 
Que incluso aunque formamos parte de ella, y de que nuestra biología sea igual de sorprendente.
Nos creemos con el derecho, con el permiso de tomar decisiones y atribuciones a causa de nuestra racionalidad -superior-.

Por lo que preferiría decir:
¿Qué son los egos, las convenciones sociales, los prejuicios, los orgullos comparados con las rocas y las montañas?
Qué tipo de personas estamos tratando de ser, de probar al resto
Cuando tenemos rocas y montañas.

Nos preocupamos tanto todo el tiempo de no perder, de no fallar.
Intentamos tan duro no caer una próxima vez.
Que todo funcione perfecto, y alcancemos el ideal que cada uno imagina.  
Nos avasallamos los unos a los otros, en cada oportunidad y momento.
Ya no tenemos seguridad para afrontar las cosas de forma gracil,
y nos escondemos tras celulares, tras rutinas, lo moralmente correcto,
y nos llenamos la boca de ética.

Cuando sin darnos cuenta pasamos de largo y pisoteamos la vida misma.
La ignoramos, la humillamos, la transformamos,
pero nunca, nunca somos capaces de hacerle justicia. De honrarla.
De admirarla aunque sea por un momento.
De agradecerle la simple existencia de estar junto a nosotros codo a codo en este mismo universo, o planeta.
Qué tan difícil es mirar más allá de nosotros mismos, nuestras individualidades?
Dejar de vernos las narices, para lograr vivir, y beber todo lo que la vida nos ofrece.
Tenemos tanto y seguimos llenándonos los bolsillos para evitarnos sufrimientos, problemas, dificultades
¡Como si eso pudiera realmente ser verdad! 
Nos acolchamos la caída, pero seguimos sintiendo el suelo igual de duro cuando caemos.
Sin importar lo que hagamos, y cuanto nos esforzamos.
No podemos simplemente afrontar que no poseeremos jamás el control sobre las personas, la naturaleza, las situaciones ni la vida misma. 
Porque seguirá arrojándote piedras en el camino. Incesante. 
Por lo que disfrutemos esas risas, esas lágrimas.
La locura, el pánico, seamos quien necesitemos ser en el momento
para luego lograr juntar nuestros pedacitos de a poco, y volver afrontar lo que sea que tenga que venir.
Pero no paremos. 
No nos rindamos.
No nos amarguemos, porque no se trata de ser fatalista. 
Sino de apreciar lo que brilla por sobre lo oscuro. Y elegirlo cuando lo necesitemos. 
No digo que estemos siempre felices. Ni siempre tristes.
Pero dejemos de intentarlo tanto. De intentar tanto que todo sea perfecto, porque perdemos minutos, lugares, personas, por no lograr apreciar lo que ya nos ha sido otorgado. 
Nos juzgamos, nos apresuramos y no nos damos el tiempo, la paciencia para comprendernos, para darnos el espacio de simplemente sentir y ser en el momento. 
Y, siempre con la convicción que luego será otro día para volver a comenzar. 

Eso es lo que quiero destacar. 
Podemos volver a levantarnos. 
Permitámonos ser con total libertad por sobre lo que tengan otros que pensar, o juzgar. Dediquémonos el tiempo y la paciencia de aceptar lo que la vida nos ha dado. Pero no dejemos de tener fe.
Que los miedos no permitan que destruyamos al otro por simple competencia, por avaricia, por envidia. Seamos mejores. 
Aunque cueste. Intentemoslo. Hagamos la diferencia, aunque luego seamos decepcionados, humillados y defraudados. 
Ya aprenderemos, cuando tengamos que hacerlo.
Dejemos de escondernos tras celulares, y en nuestras casas. 
Miremos a los otros, a quien camina a nuestro lado en la calle. 
Dejemos de ignorar que hay quienes viven tambien con nosotros, aunque sean distintos y de miedo, reconozcamos que hay más vida que la nuestra. 
Miremos más los arboles, las flores y el cielo. 
Y respiremos, apreciemos las otras vidas, que por silenciosas que sean, no significa que no estén llenas de vida y luz. Al igual que sus defectos, como todo lo demás. 

No esperemos tanto. Vivamos más. 

Porque el día en que más nos escondamos en nosotros mismos, ese será el día en que nos perderemos. Y nos marchitaremos. Nos mataremos lentamente con indiferencia, crueldad y frialdad. Y no nos quedará mas que orgullos, egos, y bolsillos llenos. Moriremos sin llevarnos nada mas que nosotros mismos, ni siquiera un ultimo recuerdo o rostro o momento de dicha para visualizar en nuestros últimos segundos de vida.  Seremos menos que polvo, y ya no habrá tiempo para arrepentirse, por lo que comencemos ahora. Hoy es el día! 


sábado, 17 de enero de 2015

Correr, vivir y huir.

Seguidos mis pasos uno tras otro,
Poseídos de tanta voluntad como de fuerza
Me impulse para perderme en la velocidad que me proporcionaban.
Una rapidez que me elevaba por sobre todo lo vivido,
Lo presente y lo pasado.
No existían pensamientos, era puro instinto.
En el que me atraía el sin fin del camino,
Donde desconocía el momento exacto en el que me detendría.
Las posibilidades de continuar por donde quisiera eran infinitas.
Me extasiaba el no perder el aliento
No reconocer el limite exacto.
Sentir que me confundía entre el paisaje mismo, 
Que me podía mezclar con el almizcle oloroso de la naturaleza,
De la visión de cerros y arboles que no parecían nunca despedirse. 
Y el viento ayudaba a que me elevara aun mas.
Como si flotara, en vez de sentir el peso de quien era yo.
Podía desconocerme y me fascinaba.
No había cabida para nada mas que la simple existencia.
Sin memorias, sin problemas, sin mi.
Solo vivía de mi respiración y movimientos.

El atardecer era el alimento para mi éxtasis,
Que terminaba siendo noche, donde las estrellas iluminaban mi férrea vida.
Prolongando la felicidad y gratitud de existir aquí y ahora.
Sin necesidad mayor que mi cuerpo y la vida que florecía a mi al rededor.
Por lo que seguí corriendo, para perder la vida, para perderme a mi misma. 
Sin necesidad alguna de tener que destruirme,
Mas que esconderme bajo los mismos pasos que daba sin fin. 

martes, 13 de enero de 2015

Tatuarte.

Me doy cuenta que el tiempo ha pasado indiferente frente a quienes solíamos ser juntos.

Solía estar como enloquecida por la forma en que me sonreías, en que me mirabas.
Estaba atrapada por el influjo que me ataba a tus sentimientos tan intensos.

Sin piedad.

Que ni me daba un descanso, me torturaba a mi misma.
No quería ni pensar, solo te quería amar cada día mas,
Otro día con mas intensidad. Con más fuerza. Con más poder.
Aniquilar mi cuerpo, mi alma, para atiborrarlo de la creciente fuerza que me provocaba tu ser.
Amarte hasta asfixiarme. 
Hasta no respirar cuando no estabas.
Matarme lentamente, con intención, a propósito. Para atarte, y tatuarte en mi,
Para que nada se interpusiera en lo que sentía por ti.
Ni el tiempo, ni los defectos, ni las personas.
Dejarte incrustado sobre el tuétano de mis huesos, 
Con tal de que perdurase la misma eternidad de su descomposición.
Que quedara una prueba factible y fosilizada de todo lo que había significado tenerte a mi lado.
No solo ser memorias, no solo ser recuerdos.
Ser la infinita esencia del cosmos que nos creo.
Como las estrellas explotar y perecer con tanta lentitud, que nos habrían sobrado miles de años juntos.

Y por cada vez que me tocabas, 
Por cada momento en que la punta de tus dedos osaba tocarme,
Cerraba los ojos y ardía, ardía con lentitud,
Me incendiaba con placer aun sin ser abrasada.
Y guardaba cada respiración que dabas  
como si fuera el mismo oxigeno del que necesitaba para poder vivir. 

Y congelaba el tiempo por cada vez que reías a mi lado,
Por cada mirada adolorida que me arrojabas al discutir.
Por cada susurro de amor que me dedicabas, 
Los guardaba como vidrios incrustados en mi piel.
Dolorosos, tortuosos, pero exquisitos.

Y aun así, no fue suficiente.

Nos marchitamos como las flores descuidadas bajo el paso del tiempo,
nos inundamos,
No para volver a tener oportunidad de florecer, 
Sino para pudrirnos bajo tanto regadío, tanta agua.

Nada detuvo que nos redujéramos a cenizas.
A recuerdos, a memorias.
Y convertirnos en pasado.

Hoy ya no somos quienes eramos juntos.
Tomamos un rumbo separados.

Y sí.
Hay días en que aun vuelvo a reproducir lo mejor y lo peor de nosotros.
Para hacerlo mas real, mas cercano.
Para volver a tener a mi lado el amor que sentí  junto a ti.
Para gozar de lo bueno y malo que fue estar juntos.
Pero lo estuvimos, y eso es todo lo que importa al final.
El haber vivido una fracción de vida para aprender lo que era estar juntos como separados.
Para saber que es lo que realmente querernos por sobre la adicción, 
La obsesión que fue quererte tanto.



sábado, 10 de enero de 2015

El momento correcto.

Quisiera poder decir que tengo todas las respuestas,
Que puedo dejar de pensar en ti. 
Que no me hará falta sentirte sobre el latido de mi corazon, 
Y los nervios que me recorren bajo la piel. 

Quisiera sentir la fuerza para poder huir de esta irrevocable ansia de estar junto a ti.
De hablarte, escucharte, de querer saber más de ti. 

Tengo miedos.
Miedo de salir herida, miedo de herirte. 
De destruir el lazo que siento que pertenezco hace años.
Que lo quiero como si fuese mio desde el principio.
Por culpa del capricho que es querer buscarte y que me busques.

Sigo caminando despacio detrás de ti, 
Con precaución, con cuidado. Como si en cualquier momento estuviese a punto de volver a mentirme. Volviendo a crear ilusiones inexistentes, sentimientos de mi imaginación. 
Por lo que no me zambullo, 
Solo piso por encima sin hundirme, con cautela, con lentitud. 
Con atención.

Aferrándome con uñas y garras sobre la tierra, 
Para que no logres elevarme sobre mis talones en contra de mi voluntad.
Me retraigo sobre mi misma, intentando huir de mis propias inseguridades
Y de las tuyas.
Que juntas parecen no combinar en absoluto bajo nuestros limitados tiempos.
Parece que estoy esperando como una loca a que te tires sobre mi sin miedos,
Que me obligues a salir de las propias murallas que me he creado.
Que tengas la confianza absoluta para sucumbirme ante ti,
Para no lograr pensar en nada mas que esto. Que es tan nuevo.
Tan diferente, pero tan intenso como atractivo.

Puesto que no tengo la misma fuerza que creía poseer para seguir adelante
Y arrastrarme detrás de ti para buscarte.
Me abrazo sobre mi propia fragilidad, que en cualquier momento vuelve a mostrarse,
A asfixiarse sobre si misma. Y me deja sin salida,
Sin valor. Me detiene hundida en un dolor que nada tiene que ver contigo más que las propias cicatrices que se han formado de tanto tiempo,
De tantas puertas que abrí,
Y de las muchas veces que me deje expuesta para perderlo todo sin pensar.

Esa suelo ser yo.
Y me aterra, me aterra no poder llevarme más por frivolidades,
Por convenciones y patrones comunes.
Más que seguir a mis propios sentimientos que por más absurdos que sean,
Me tiran sin piedad hacia caminos y circunstancias que parecen mas peligrosas
Que seguras.

Por lo que me resguardo, por mas deseos que posea de arrastrarte conmigo
Sobre el hambre que me carcome de entregarme por entero. 
Aunque no sea lo mas cuerdo, lo deseo. 

Pero aún no es el momento, no para mi, 
No para mi cuerpo, no para las habitaciones que reservo,
En las que aun las murallas tiemblan bajo el sonido de unos pasos 
Que amenazan con entrar.
Por lo que escondo la llave bajo tu mirada,
Para que no tardes tanto en encontrarla, pero que no logres pasar con tanta rapidez.
Y espero.
Espero para que sea el momento correcto.




lunes, 29 de diciembre de 2014

De nuevo.

Y ahí me encontraba como tantas otras veces.
Sentada junto a ti en tu cama discutiendo sobre lo mismo.
Esperando de ti lo mismo de siempre.
Pidiéndote que cedieras por mi.
Que cambiaras por mi.
Que tu amor por mi fuera mas grande que el orgullo a ti mismo.
Que por una vez, al verme a los ojos, sintieras lo que yo siento cuando veo los tuyos.
Y supieras que ése era el momento para ceder.
Para luchar.

Te lo expliqué como tantas veces antes, te dije cual era exactamente el problema 
Y como había que solucionarlo.
Mi alma dependía de tu actitud, de tu respuesta.
Te mire directamente tratando de anclar mi alma a la tuya,
Tratando de crear un puente invisible a través de una conexión.
Pero no encontré nada, estaba sola en mis propios sentimientos, mis propios deseos.
Me veía a mi misma con el mismo amor infinito, rogándote, 
Y deseando con toda mi alma que volvieras a mi lado.
Pero tu respuesta fue la misma de siempre.
Me culpaste como si todo lo malo que nos había pasado fue gracias a mi, 
me ignoraste, y me dejaste a un lado. 
Me hiciste ver que no tenía importancia alguna sobre ti.
Que nunca la había tenido, no en la magnitud que yo deseaba y me ilusionaba que fuera.
Como esperaba que fuera el amor.
Al escuchar tus palabras, y sentir tu indiferencia, algo se rompió en mi.
Fue como si me hubieses aniquilado como nunca antes.
Sentí un agujero negro que me consumió por dentro.
Vacía.
Y sentí como se extendía por todo lo que sentía y me carcomía como termitas a un trozo de madera.
Era un dolor tan fuerte que gritaba,
no solía ser como antes, porque ya no podía sollozar,
No podía llorar.
Gritaba de dolor. Como si me hubiesen arrancado el alma a la fuerza.
Grité por ayuda mientras me rompía en dolor.
Y desperté creyendo que venía mi madre y me consolaba de mis pesadillas, 
Le gritaba entre llantos que yo no era nada, que no era nada para él y lloraba aun con mas fuerza mientras ella me abrazaba.
Y entonces comencé a asfixiarme y no podía moverme ni respirar, era un dolor tan grande que se confundía entre gritos, sollozos y lagrimas.
Entonces desperté por la asfixia y me encontré sola.
Había sido una pesadilla. De las peores que nunca había tenido en toda mi vida.
Tan vivida, tan dolorosa que aún podía sentirme como si mi vida no importara en absoluto.
Sin remedio, sin razón de ser en el tiempo.
Me sentí hundida como hace años no recordaba que podía llegar a sentirme.
Seguía llorando sin control alguno, gritaba y sofocaba el ruido con la almohada porque no podía detenerme. No tenía fuerza, no encontraba nada para poder pararme.
Estaba histérica. 
Lo único que podía sentir era lo insignificante que era.
Que no significaba nada, nada para él, y era como si me definiera, realmente no era nadie ni nada. Nada por lo que luchar, por lo que poder amar. Nadie ni nada para poder quedarse. 
Tenia menos valor que la vida misma, que una hormiga. Era menos que un muerto.
Yo estaba menos que muerta, no había ni llegado a existir de tan insignificante que era.
Podía sentir la mierda apilándose sobre mi misma y no podía dejar de llorar, 
De sentir una herida punzante en el corazón, como si por dentro mi corazón estuviese hueco. 
Y solo le quedaran paredes,  porque lo demás se había carcomido. 
Traté de dormirme y no podía, estaba aterrada de volver a soñar lo mismo.
Estaba como enloquecida, pero de dolor.
Tenía ganas de tomar todo lo que tenía a mi alcance que me recordara a él y botarlo, 
Porque había sido un miserable conmigo, no me lo merecía en absoluto, nada de lo que me hizo sentir, ni como me trato, y lo aborrecía.
Lo aborrecía y esto ensuciaba todo lo bueno, todos los años.
Todo había sido una mentira que me había contado a mi misma.
Al final me dormí llorando de puro cansancio. 

Pero con esta pesadilla comprendí que estuvo mal haber estirado tanto el elástico, no importa lo mucho que haya aprendido. Me expuse a mi misma a sufrir de esta forma, por alguien que no lo merecía, por una mentira en mi cabeza. Y no podría volver a exponerme nunca mas. Sentí lastima de mi misma. De mis ilusiones, de mis sueños, de mis buenos pensamientos. Porque no eran correspondidos en ningún grado. No hay excusas para justificar que te traten de esa forma. Menos alguien que predica que te ama, o te amo. 
Y entonces supe que nunca había sido amor. Eso no era amor. 
Pero tambien este sueño, me hizo retroceder mucho más atrás que solo dos pasos, retrocedí a años lejanos donde el dolor era fresco y nuevo. Como si no tuviese experiencia alguna. Y me dejo frágil, débil y asustadiza. Me cuesta respirar otra vez, y a veces siento que me desvaneceré como por arte de magia sobre el piso. De nuevo sin excusa alguna me encuentro llorando en lugares absurdos, en momentos absurdos. Las habitaciones me asfixian y en cualquier momento siento que alguien me tocara y me destrozare.
Tendré que volver a empezar de nuevo, a levantarme una vez mas, sin cansancio. Esperando mejorar otra vez, de a poco, con paciencia, hasta sentirme al fin bien.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Sigue tu vida sin mí.

No puedo explicar cómo,
Pero llegaste a tocar mi corazón sin necesidad de un beso,
Sin necesidad de acariciarme.
Una mirada y todo acabó.
Lo pude sentir uniéndonos sin siquiera tocarnos.
Fue tan profundo que había olvidado lo que era poder mirarse,
Y verse directamente el alma.

Conservo ese momento como agua en pleno desierto,
Y me enternece sin necesidad de sucumbirme.
Que me hace preguntarme si hay alguna estación en el camino de nuestras vidas
Que nos junte, pero que sea esta vez para quedarnos juntos.

Para darnos la oportunidad de saber que hay detrás de toda nuestra historia,
De la misma parada que hacemos para como siempre dejarnos.
Que hay en el misterio de querernos sin sentido.
Sin atracciones físicas, sin locura, más que la simple pureza del amor.
Sin tortura, sin desengaños, sin mentiras, sin intoxicarnos.
Fluir con tanta facilidad como el río sobre las piedras.
Como el aire en los arboles.
Ser porque sí.

Escuchar tus palabras como pura luz.
Pura ternura.
Pura devoción.
Pero sin magnificar tu esencia, más maravillarme de lo que eres,
Sin tener miedos a perderte o a equivocarme.
Hay una gratitud en ser feliz, en estar contigo que no enloquece.

Que puede que suene algo ridículo, algo sin sentido
Pero de verdad espero que la vida nos dé la oportunidad de conocernos como esperamos.
Como siempre dices que podría ser.
Aunque te diga que no creo en ello. Lo creo. 
Creo en tus sueños junto a mi, aunque sé tan bien como tú que aun no es nuestro momento.
Y espero de corazón que llegue. Que sea verdad.
Aunque nos tome mas historias junto a otros para llegar a estar juntos.
Mientras, no entorpeceré el camino en el que por separado nos encontramos.
Dejare que fluya. Como nosotros.
Y no me detendré a esperar, seguiré como sea que tenga que ser.
Que seas feliz y que tengas aprender todo lo que te falta. Y que sigas sin mirar atrás por mi, 
Mas para seguir tu propio camino, como yo el mío.

Adiós.