Busco pedazos de mi misma en el pasado,
Unos que me indiquen el comienzo de todo,
en los que pueda empezar a encontrar respuestas.
En los que me pueda varar, y decir:
Esta siempre he sido yo.
Esto ha sido siempre lo que he querido.
Por esto, he estado siendo quien soy.
Y entonces, reconocer en ellos los años que han pasado,
Y descubrir que el tiempo los sigue manteniendo vivos frente a todo pronostico.
Encontrar en ellos esa parte, en el fondo, en la base,
que contra viento y marea, sigue intacto.
Me pregunto si esa parte seguirá esperando ser cumplida,
O se ha rendido con el tiempo y entre lo real.
O seguirá esperando al fin ser despierta.
Esa parte que autentica, se consume por simplemente amar y ser amada.
Puede que lleve mil deseos en el cuerpo,
Pero hay uno que se carcome por dentro, que ansía ser consumada.
Ser arrastrada,
no en soledad, no contra murallas,
Sino ser incendiada y crepitar sobre las hojas,
Una fogata que jamás se pueda apagar.
Que solo siga creciendo aun más.
Que avasalle sobre bosques y tierras desconocidas,
Que brille con tanta intensidad que llevarla sobre el cuerpo
Sea insoportable.
Pero no de dolor, sino del placer exultante de ser realizada.
Eso es lo que sin importar cuanto pase sobre los días, sobre mi.
Es lo que siempre he querido.
No puedo escapar de ese sentimiento, y no lo pretendo.
Pero no quiero que me detenga.
Quiero que crezca desde adentro hacia fuera,
Que grite por si solo, aun sin ser consumido, aun sin ser cumplido.
Que me haga fuerte desde sus rincones,
Para que cuando llegue el momento de explotar,
Sea capaz de sostenerlo junto a mi, y no que vuele sin control alguno.
No que me posea, sino de que sepa ir conmigo.
Que sintonice con mis pasos y no que corra a tal velocidad que tenga que seguirlo.
Y que cuando lo encuentre no me atemorice su fuerza,
Ni me sucumba ante situaciones que no considero parte de mi,
Sino que fluya como la sangre en mis venas,
Como el aire en mis pulmones.
Como los latidos unidos a mi respiración.
Y sepa expandirse por todos los rincones que aun desconozco de mi misma,
Que se deslice con suavidad hasta la punta de mis nervios,
Y sepa acariciarme con un simple susurro.
Donde no me derrita por su poder, sino que pueda danzar sobre su compás.
Y entonces, sólo entonces descubrir que mis esperanzas no han sido vanas,
Que mis sueños no han sido mentiras,
Que mis deseos no son ilusorios.
Pero que la verdad no me llevara a cielos donde pueda perderme,
Sino que mis pies estén bien sujetos al suelo,
Para que pueda sentirlo frío y duro sobre mi piel,
Descubriendo tambien que no vive en si mismo, sino en mí.
Que está en mi el poder de saber dirigirlo.